27 de mayo de 2010

Aportación de Roberto Penas

Me ha parecido entender, por tus comentarios, que das por hecho que el actual sistema de cantos (sin coro, y haciendo que sea directamente el pueblo el que cante) es de por sí deseable en si mismo, y el que quiere la mayoría de la gente. Y eso no me parece correcto. Una cosa es que tú, como director, emplees el sistema que te parezca más conveniente (que para eso eres el director) y otra que eso sea lo que realmente quiere la gente; y de esto último no estoy nada convencido. Yo creo que hay un grupo de gente (de no más del 15%, pero que se hacen oír muy claramente, dando la impresión de que son más de los que en realidad son) que quieren cantar, que no les importa nada la calidad y que no quieren oir cantar ni tocar a ningún coro. Luego hay otro 15% (entre los que me incluyo) a los que si les gusta que el coro haga cosas que suenen bien y que solo sean para escuchar (estos somos en general más discretos y tímidos). Y luego está la gran mayoría, un 70%, que es realmente indiferente en el tema de la música, porque entienden (con buen criterio) que la música no es lo fundamental en una eucaristía y, por tanto, aceptan sin más el sistema musical que se siga, sea el que sea. De hecho, en los actos grandes, es habitual que más de la mitad de la gente ni cante ni mueva los labios, por lo que me parece demasiado atrevido afirmar que "la gente lo que quiere es cantar". Por eso, si lo que se quiere es legitimar y establecer el sistema actual como definitivo y deseable, sería bueno que la asamblea lo aprobase en una votación.
Se ha repetido con insistencia que "la calidad no es importante", y yo creo que eso hay que matizarlo. Si en un baremo de calidad entendemos que 100 es el máximo y 0 es el mínimo, estamos de acuerdo en que no tiene ningun sentido pretender un nivel de 100 (eso solo tiene sentido para los músicos profesionales, los cuales, si no dan ese nivel máximo, simplemente nadie les contrata...). No nos engañemos, la música no es lo fundamental en una eucaristía; es más, opino que ni siquiera es importante, sino que es algo accesorio. Por tanto, a la música se le debe aplicar el "principio y fundamento", esto es, debemos usar de ella en tanto nos ayuda al fín, y prescindir de ella en tanto nos aleja de ese fín. Y evidentemente, la búsqueda de la calidad por la calidad (ese nivel 100) no nos ayuda al fín, preo tampoco una calidad de cero lo hace, pues en ese caso, si la música es mala entonces resultará hasta incluso desagradable de oir y, lejos de ser un servicio que se hace a la conmunidad, es casi un perjuício. Cuando se dice que "la calidad no es importante", en el fondo, el mensaje que se está transmitiendo es que "el nivel de calidad de referencia es cero", y entonces, dudo mucho de que realmente esté contribuyendo al fin que se pretende, pues en ese caso, unos de motu propio darán un nivel de 30, pero algunos lo darán de -20, y esto último creo que ya no es aceptable. Por eso, lo ideal es un nivel de calidad intermedio, no se pretende que sea altísimo, pero si que sea digno. Si la música no es como mínimo agradable de escuchar, ¿para qué nos vale?. El nivel de calidad debe ser, ni más ni menos, que el adecuado, lo mismo que cuando se redacta una crónica, se edita un TI, o se elabora un documento. No se trata de que estos tengan una calidad deslumbrante, sino de que tengan un mínimo de buena redacción y edición de modo que sean sencillos, cómodos y agradables de leer y que se entiendan. Lo mismo debería ocurrir con la música, ni más ni menos.

18 de mayo de 2010

Aportación de Ana Olivares

Cuando yo estaba en el colegio hace muchos, muchos años, celebramos una Eucaristía en una sala, sentados alrededor de una mesa. Era la primera vez que yo asistía a una Eucaristía así y no me dijo nada, echaba de menos la solemnidad de la iglesia templo, los momentos de pie y de rodillas, la campana, el recogimiento, el órgano… era a lo que estaba acostumbrada y me parecía que lo otro era frío y no me decía nada.
Pasaron los años y cada vez asistí a más Eucaristías tipo la primera y llegaron a parecerme las auténticas, vividas con mi comunidad, las que antes me gustaban ahora me parecía que eran frías, la gente no se conocía, no interactuaba, no participaba.
Ahora me gustan las eucaristías en el grupo, en casa, en la iglesia, en latín, en aranés, con cantos o sin ellos, porque para mí es el momento en el que todos los que allí estamos le ofrecemos a Dios lo que somos y tenemos y Él de una manera misteriosa pero real nos lo devuelve transformado. Eso que somos y tenemos se convierte en gracia. Cuando salimos estamos más alegres, más fuertes, más capacitados para amar porque Dios por medio del sacerdote y gracias a Jesús se hace presente. No sé si esto que digo es teológicamente correcto pero para mí lo importante es que ha habido un ofertorio, una consagración, y una comunión.
Los cantos, la decoración, la forma de colocarse, la luz ambiente…., todo eso puede ayudar, pero también, estorbar. Lo importante es que sepamos qué es lo que ahí esta pasando y que lo vivamos como un momento de gracia muy especial.

16 de mayo de 2010

Nuestros jóvenes necesitan impactos de fe

Este es el título de un artículo que ha publicado en la revista Vida Nueva el sacerdote catalán Joan Enric Reverté, más conocido como Padre Jony. Lleva muchos años dedicado a integrar la música de los jóvenes, "Rock" y "rap" en las celebraciones litúrgicas de su diócesis de Tortosa y podéis ver los vídeos de sus canciones en Youtube.
El texto del artículo lo podéis leer en este enlace.
Cualquier camino es bueno para acercarse al Señor.

6 de mayo de 2010

Otra liturgia es posible

Lucía Galache dirige un grupo de danza litúrgica en la parroquia del Pozo y quiere divulgar esta manera de hacer oración. Nos envía un escrito de Mª JOSÉ SOTORRÍO BÁRCENA, monja trinitaria en el monasterio de Suesa compartiendo su experiencia de la incorporación de la danza a la liturgia.
Es una alegría ver las diferentes maneras como el Espíritu reparte sus dones.
Lo podéis leer en este enlace