24 de abril de 2011

¡¡¡ESTÁ VIVO!!!

¡Está vivo!. ¡Ha resucitado!
Este es el grito de alegría que nos sale del corazón a los cristianos en el domingo de Pascua, el día más importante del año litúrgico. En el cuadro de Murillo se refleja la grandeza del hecho más importante de la vida humana: Dios ha vencido a la muerte.
Cristo resucitado de Bartolomé Murillo
Esto es algo que nos ilumina la muerte de las personas cercanas. Cristo ha resucitado y nos llama a todos a resucitar con Él.
Pero es algo que solo se vive desde la fe, ¿Cómo se lo cuentas a alguien que no cree en Dios? Solo puedes vivirlo en  tu vida y que el amor de Dios se transmita a los demás con el ejemplo.

En esta semana de Pasión, Muerte y Resurrección hemos revivido los momentos más reveladores del mensaje de Jesús, desde la humildad de entrar en Jerusalen montado en un burro hasta el anuncio de la resurrección que se transmite en primer lugar a las mujeres. Todos los pasos de Jesús tienen tienen su mensaje y nos animan a seguirlos en nuestra vida.

Pero el mayor regalo que nos dejó fue la institución de la Eucaristía, su propia presencia con nosotros todos los días. La celebración que nos permite rememorar su vida y su entrega. "Haced esto en memoria mía", es entregarnos como el se entregó y convertir el pan y el vino en su cuerpo y sangre para nuestro alimento.

En la vigilia pascual de anoche, el sacerdote tuvo un gesto sencillo que me recordó la grandeza de lo que hacía. Al hacer la fracción del pan acercó la sagrada forma al micrófono y nos permitió escuchar el crujido de como se partía. Era muy grande y muy gruesa por lo que produjo un sonido estremecedor. Jesús se partía para nosotros. El resumen de toda su vida en un sonido, el sentido de su mensaje y su invitación en un simple ruido.
Hagamos lo mismo con nuestras vidas.

(Os dejo el enlace del canto de entrada que cantamos en la vigilia: Entra en mi noche del grupo Ixcis)