16 de julio de 2011

Una misa en el campo

El sábado pasado disfrutamos de un día de campo en el que el centro fue la celebración de la Eucaristía. Después tomamos el aperitivo, comimos chuletas de la barbacoa y hasta dimos un paseo por el campo para disfrutar de la naturaleza. Pero todo el día giró en torno a la celebración de un grupo de amigos que reconoce la presencia de Jesús en medio de ellos.

Pudieron venir Jaime y Manolo a concelebrar en un sitio muy sencillo. A veces las iglesias más bonitas no resultan tan cercanas como un entorno humilde al aire libre. El patio de una casa de campo en Herencia que, aunque deshabitada, resulta acogedora cuando se prepara con mimo para acoger un día de celebración. Carmen y Carlos eligieron las lecturas del día de su boda, prepararon una pequeña mesa con un ramito de olivo e hicieron unas fotocopias con los cantos para que todos pudiéramos participar.
Eramos diecisiete amigos y la presencia del Señor dando sentido a la comunidad que lo celebra. Recordamos a los que no pudieron venir y nos sentimos confortados por el amor que nos une.

En las peticiones recordé una anécdota de hace 35 años con Jaime que todavía me sigue iluminando.Yo le pregunté entonces por qué, cuando el sacerdote dice: "El Señor esté con vosotros", tenemos que contestar "y con tu espíritu". Siempre me ha parecido una injusticia para el pobre sacerdote que, mientras él nos desea que la presencia del Señor nos ilumine por entero, nosotros le deseamos a él que el Señor esté solamente con su espíritu y nos olvidamos de que esté también con su cuerpo. Jaime me dijo entonces que me autorizaba a contestar "y contigo" si era algo que me daba más devoción y desde entonces lo vengo haciendo.
Después de recordar la anécdota le pedí al Señor que esté con el espíritu y con el cuerpo de Jaime para que en su nuevo destino de la República Centroafricana la salud le acompañe, el espíritu le mantenga animado y pueda seguir acompañando en su camino hacia Dios a las personas que le rodean.
Es hora de compartir el privilegio que hemos tenido durante más de treinta años.