28 de enero de 2012

El que reza cantando...

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...reza tres veces.
En las misas de bachilleres hemos empezado otra campaña para explicarles la importancia de participar en los cantos. Al igual que la otra vez, hemos hecho un cartel para ponerlo en la sala y vamos a dedicar unos cuantos sábados a recalcar el mensaje, que esto de la repetición es muy ignaciano.
No queremos reñir, no queremos obligar, lo que queremos es que se encuentren con Jesús en un ambiente gozoso y animado. Los cantos pueden ayudar mucho en esto si consiguen superar la vergüenza y el miedo que tienen muchos adolescentes cuando se trata de cantar.

Hoy les hemos explicado esto de que el que reza cantando reza tres veces. Aunque parezca una exageración, en realidad tiene mucho sentido.
Leyendo la letra del canto ya hacemos oración porque todos los cantos nos hablan de Dios. De su amor, de la alegría, de la experiencia de confiar en Él... Hacemos oración con la cabeza como seres racionales que somos.
Si nos ponemos a escuchar una melodía y nos dejamos llevar por ella, nos provoca sentimientos. Si somos nosotros los que interpretamos la melodía al cantar un canto a Dios, los sentimientos se mezclan en la oración y percibimos la presencia de Dios de otra manera. Hacemos oración con el corazón porque el amor nos hace semejantes a Dios.
En la música moderna la batería y el bajo son fundamentales porque establecen el ritmo de las canciones y los jóvenes son los primeros que al escuchar una canción rítmica se empiezan a mover con ella. Lo normal de las canciones rítmicas y pegadizas es que llevemos el ritmo con el pie, con las manos o que nos movamos llevando el compás. Los cantos litúrgicos también nos pueden llevar a hacer oración con el cuerpo moviéndonos a su ritmo.
En la misa de bachilleres tenemos una norma, terminar la última canción dando palmas para que salgan con la sensación de que Dios nos acompaña, en nuestro espíritu y en nuestro cuerpo.