7 de julio de 2014

Sencillez y solemnidad

Estas dos palabras, aparentemente opuestas, fueron la clave de la pregunta que nos planteó ayer el cura de la Parroquia de Guadalupe: ¿cómo podemos vivir de manera sencilla algo tan solemne como la Eucaristía, la presencia de Jesús entre nosotros?
El evangelio de ayer nos decía que "ocultando estas cosas a los sabios y entendidos, se las diste a conocer a la gente sencilla". El mensaje de Jesús llega hasta nosotros a través de personas sencillas, a través de experiencias personales y no con grandes discursos, a través de pequeños símbolos y no con lujosos ornamentos.
Durante muchos años la Iglesia se preocupó de representar la solemnidad de la presencia de Dios mediante vasos sagrados de oro y plata, lujosos mantos bordados e incrustados de pedrería, edificios majestuosos y grandes esculturas, confundiendo solemnidad con magnificencia.

El paradigma de esta confusión lo representa la custodia de Arfe de la Catedral de Toledo. Con sus 18 Kg de oro y 183 Kg de plata es una obra de arte sin igual que se ha convertido en símbolo y referencia de una suntuosidad que el mismo Jesús jamás quiso para sí. Las riquezas, las grandes representaciones artísticas, los monumentos, las joyas, los blasones, se entremezclan con la vanidad de los "sabios y entendidos" para identificar a las personas a las que se les oculta el evangelio. En cambio se revela a la gente sencilla, sin estudios ni riquezas, a gente que transmite la fe con su experiencia y no con libros de teología.
No reniego de mi educación, solo digo que tener una carrera universitaria te dificulta un poco más entender a Jesús. Cuanto más dinero tienes, más trabajo te cuesta desprenderte de él para acercarte a Dios.
Declarar la fiesta del Corpus en Toledo de Interés Turístico Internacional, solo sirve para enterrar un poco más a Jesús debajo del oro y la plata e impedir que transmita su mensaje al corazón de las personas.

Las grandes celebraciones solemnes se pueden hacer también sencillas si utilizamos vasos de loza o madera en lugar de oro y plata, tejidos de colores lisos en lugar de bordados de oro,  músicas populares en lugar de grandes orquestas sinfónicas, relatos de experiencias de Dios en lugar de grandes discursos teológicos.
Dios convierte en solemne cualquier celebración con su sola presencia, nuestros torpes intentos de "dar solemnidad", acaban convertidos en suntuosidad, magnificencia y ostentación que acaban apartándonos de Dios.