8 de noviembre de 2015

¿Y donde nos sentamos?

Cada vez que entras en la iglesia la misma pregunta. Lo más normal es que esté medio vacía y sobren sitios por todas partes. La gente no se quiere poner muy cerca del altar, no sé por qué, pero hay una tendencia a dejar sitios libres, bancos vacíos, incluso a sentarse al final del todo.
Supongo que sigues el mismo que criterio que cuando vas al cine. ¿Dónde me molestarán menos? ¿Donde tendré una mejor perspectiva?

Jesús decía, cuando vayas a un banquete no te sientes en los primeros puestos, porque daba por supuesto que todo el mundo quería estar en el "centro de la celebración". En nuestras misas de hoy en día ocurre todo lo contrario, nadie se preocupa de estar en el centro ni de involucrarse en lo que allí se está celebrando.

Esto pasa hasta con el sitio para el coro. Ya en las catedrales antiguas "el coro" era un lugar situado en un primer piso encima de la puerta desde donde se proporcionaba una buena acústica, pero una participación mínima de las personas en la celebración. El presbiterio separado del pueblo por una verja para delimitar los espacios, los palcos reservados para la nobleza, todos son elementos que separan.

Pero la Eucaristía en una celebración en Fraternidad. Todos somos hermanos celebrando la presencia de Dios entre nosotros. Cada vez hay más iglesias redondas, sin verjas ni separaciones, para sentarnos "alrededor de la mesa". Hasta el coro, cuando vamos a cantar a una misa, nos sentamos en la parte de delante para servir de ejemplo y animar a la gente a participar en el canto.

La próxima vez que entres en una iglesia y pienses ¿dónde me siento?, acércate al altar todo lo que puedas, únete a las personas que hay allí, hazte parte de la iglesia que celebra y únete al coro que canta. Todos tenemos nuestro lugar preparado para encontrarnos con el Señor.