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¡¡¡ESTÁ VIVO!!!

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¡Está vivo!. ¡Ha resucitado! Este es el grito de alegría que nos sale del corazón a los cristianos en el domingo de Pascua, el día más importante del año litúrgico. En el cuadro de Murillo se refleja la grandeza del hecho más importante de la vida humana: Dios ha vencido a la muerte. Cristo resucitado de Bartolomé Murillo Esto es algo que nos ilumina la muerte de las personas cercanas. Cristo ha resucitado y nos llama a todos a resucitar con Él. Pero es algo que solo se vive desde la fe, ¿Cómo se lo cuentas a alguien que no cree en Dios? Solo puedes vivirlo en  tu vida y que el amor de Dios se transmita a los demás con el ejemplo. En esta semana de Pasión, Muerte y Resurrección hemos revivido los momentos más reveladores del mensaje de Jesús, desde la humildad de entrar en Jerusalen montado en un burro hasta el anuncio de la resurrección que se transmite en primer lugar a las mujeres. Todos los pasos de Jesús tienen tienen su mensaje y nos animan a seguirlos en nuestra vid...

Cerrar los ojos

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Cerramos los ojos cuando queremos concentrarnos en algo. Cerramos los ojos para aislarnos del mundo. Cerramos los ojos cuando queremos hablar con Dios sin distraernos... ¿Pero cerramos también los ojos cuando estamos en misa? El otro día comentaba un amigo su manera de vivir la Eucaristía y me decía: "hago propósito de no cerrar los ojos". El sentido que le daba a este gesto es el de reforzar la dimensión comunitaria de la Eucaristía. Cuando cerramos los ojos nos concentramos en la relación personal con Dios, pero nos olvidamos de que estamos haciendo una oración comunitaria. Estamos todos juntos haciendo lo mismo pero, si cerramos los ojos, no nos enteramos de lo que hacen los demás. Hemos empezado esta cuaresma con la lectura "Tú, cuando vayas a rezar, entra en tu aposento, cierra la puerta y reza a tu Padre, que está en lo escondido...". La oración personal es una clave fundamental de nuestra relación con Dios, pero no la podemos confundir ni sustituir por l...

Miércoles de Ceniza

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Ayer celebramos el comienzo de la cuaresma a lo grande: un par de horas donde tuvieron su sitio los cantos, los vídeos, las fotos, con el recogimiento del símbolo de la ceniza y la expansión del sacramento de la reconciliación, dentro de una Eucaristía que ponía a Jesús en el centro de la comunidad. La ceniza es un símbolo que hace reflexionar sobre lo que es importante y lo que no lo es. Durante muchos años se le ha dado un sentido trágico: "Polvo eres y en polvo te convertirás", pero el mensaje actual es mucho más positivo: "Conviértete y cree en el Evangelio". El camino de preparación de la Cuaresma está dirigido a la celebración de la Pascua por lo que no podemos apartar la mirada del amor de Jesús. No dejéis de leer el comentario en el blog de Pedro Miguel Lamet que titula Ceniza enamorada . En nuestra Eucaristía también dedicamos 30 minutos a que las personas interesadas pudieran recibir el sacramento de la reconciliación. Seis sacerdotes se repartieron po...

La Eucaristía y la Unción

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El domingo pasado celebramos la Eucaristía de "Los abuelos y los nietos". El nombre no refleja todo lo que celebramos porque tenía una doble finalidad. Por un lado estaban invitados los niños de catequesis y bachilleres junto con sus padres y abuelos para celebrar que en la comunidad tienen su lugar los mayores y los pequeños por igual. En la acción de gracias salieron los padres más jóvenes con sus bebés recién nacidos como símbolo de que la vida en la comunidad se sigue renovando. Pero después de la homilía tuvimos la oportunidad de celebrar otro sacramento que hasta ahora ha sido el gran desconocido. La Unción de enfermos, que antes se llamaba "Extremaunción" porque se administraba cuando una persona estaba a punto de morir. Pero con esta incorporación a la celebración comunitaria se le da un doble sentido: por un lado la comunidad acompaña al enfermo: no está solo sino que compartimos con él su situación, y, por otro lado, el sacramento transmite una dimensión...

La Misa entre los 13 y los 17 años

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Hasta los doce años la experiencia de la Eucaristía es algo muy limitado. Nuestros padres nos llevan a misa y, si está adaptada para niños, puede resultar atractiva. Se vive la comunidad, hay cantos e intervenciones y los niños no se aburren. A partir de los dieciocho la Eucaristía es estrictamente una opción personal. Dependiendo de lo que haya sido nuestra formación en la Fe, podemos darle una mayor importancia, recordar experiencias importantes de Dios y aprovechar la celebración para dejarnos iluminar por Dios. Pero entre los trece y los diecisiete estamos en tierra de nadie. Los padres siguen presionando a los niños para ir a misa, pero ya no les resulta tan atractiva. En nuestro grupo de Bachilleres también son los padres los que les llevan al principio y después van empezando a valorar por si mismos la importancia de celebrar la Eucaristía en comunidad. Pero son todavía demasiado jóvenes para guardar silencio, comportarse correctamente, prestar atención... Los acompañantes de b...

El que parte y reparte se queda con la mejor parte

Este refrán castellano ilustra la picaresca del que se aprovecha de su posición de juez y parte para llevarse la mejor tajada de un reparto. Pero en este contexto de la Eucaristía le podemos dar otro sentido más profundo si nos fijamos en el momento de repartir la Comunión. El sacerdote es el que preside la celebración del misterio de la presencia de Jesús en el pan y el vino, pero para ayudar a que recibamos el cuerpo y la sangre de Cristo suele haber otras personas especialmente escogidas y preparadas. En las ocasiones en las que he podido distribuir la comunión he experimentado el papel de transmitir a Dios con toda mi limitación. Si te paras a pensarlo te quedas asombrado de que has tenido a Dios en tus manos y de que Él te ha escogido para que lo distribuyas a otras personas. Todavía recuerdo la ocasión de una misa de pueblo a la que asistí con mis padres y en la que el sacerdote pidió ayuda y me ofrecí para hacer las lecturas. Al llegar el momento de la comunión me pidió que ...

Gloria a Dios en el cielo...

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... y paz en la tierra a los hombres que ama el Señor. Este es el canto por excelencia de la Navidad con el que el ángel animó a los pastores al llevarles la Buena Noticia. Llevábamos cuatro semanas sin poder cantarlo porque el tiempo de Adviento es una preparación para la gran alegría, como el que se guarda la mejor botella de vino para la comida más especial. En la Eucaristía de la Navidad que celebramos el pasado 24 de Diciembre pudimos cantar nuestra versión del Gloria con todo el sentido. Dar gloria a Dios significa reconocerle la importancia que se merece, ponerle en su sitio como lo más grande de nuestra vida. Por eso los pastores al escuchar este canto se pusieron en marcha para conocer la manifestación de Dios en algo tan pequeño como un recién nacido. Los niños de catequesis representaron la obra de los Cuatro Reyes Magos y todos disfrutamos de la Eucaristía más entrañable y familiar del año. El Señor sigue naciendo todos los años en nuestros corazones para iluminar n...