29 de septiembre de 2011

Estaré con vosotros cada día...


...hasta el fin del mundo. Mt. 28,20. Esta promesa de Jesús recoge sus últimas palabras antes de la ascensión. Y desde aquel día, todos los que creemos en sus palabras, nos podemos encontrar con Él en la Eucaristía.
Los testimonios de las personas transformadas por su presencia son incontables. Alguno hemos publicado aquí ya, y hoy quiero traer alguno más.

En la exposición sobre la vida de la Madre Teresa de Calcuta (que todavía está abierta hasta el 16 de Octubre), tenemos también su ejemplo de vida entregándose como lo hizo Jesús y encontrándose con Él cada día. Sus palabras son muy reveladoras:
"Ámenlo, en Su humilde disfraz en la Eucaristía y en Su angustioso disfraz en los más pobres de los pobres. Nunca separen a Jesús en la Eucaristía del Jesús en los pobres... Él, Jesús, está en la apariencia del Pan y Él, Jesús está en los hambrientos, los desnudos, los enfermos, los solitarios, los no amados, los que no tienen techo, los desesperanzados."


La devoción por la Eucaristía es algo que también viví muy de cerca con mi propio padre. Siempre recordaré un día al final de su vida que le estuve acompañando en el hospital. No tenía fuerzas, necesitaba ayuda para todo y estaba muy desanimado. Pero en ese momento sonó la campanilla anunciando al sacerdote que repartía la comunión a los enfermos. Su reacción fue inmediata: "Es el Señor", dijo, y le cambió la cara por completo. Se llenó de alegría, recibió la comunión y, a partir de ese momento, estuvo mucho más animado.
La presencia del Señor, cuando lo recibimos con fe, nos transforma el corazón y nos da fuerzas para vivir la vida con una nueva ilusión.