30 de enero de 2013

Los hombres que ama el Señor

¡Qué importante es utilizar bien el lenguaje! No nos damos cuenta de las consecuencias que tienen las palabras, pero la realidad es que si no decimos lo que pensamos, acabaremos pensando como las cosas que se nos escapan de la boca.

Este fin de semana, de visita en Olite, estuvimos en misa en la iglesia de Santa María la Mayor. Una iglesia gótica de raíces románicas, con un gran retablo renacentista que llena todo el presbiterio, como podéis ver en la foto que hice al acabar.
Pero aunque el entorno influya en el mensaje, solo es algo secundario. Se pueden transmitir grandes mensajes en sitios horribles y viceversa. Lo importante empieza por la buena noticia que nos trajo Jesús: Dios te quiere. De aquí nacen todos los mensajes.

Pues el sacerdote al rezar el Gloria en la misa dijo: "Gloria a Dios en el cielo y paz en la tierra a los hombres que aman al Señor". Debía de estar acostumbrado porque toda la gente dijo las mismas palabras sin caer en la cuenta de la frase original que se lee en el Evangelio: ¡Gloria a Dios en lo alto y en la tierra paz a los hombres que él ama! (Lc 2,14).

En el texto original de la oración del Gloria que se recita en la misa, se dice: paz a los hombres que ama el Señor. Lo importante es tener claro que Él fue el primero que me amó y que de aquí surgen todas las consecuencias:
Todos somos iguales porque Dios nos quiere a todos por igual. No depende de que nosotros le queramos o no. No podemos desear la paz sólo a los hombres que aman al Señor, tenemos que desear la paz también para los que no aman al Señor. Nuestro objetivo es entregarnos a todos, no sólo a los que sean de nuestra opinión, de nuestra iglesia o de nuestro partido.

Aquí os dejo la foto de otra iglesia diferente donde el entorno secundario ayuda a transmitir el mensaje y además se nota que los curas dicen lo que piensan y transmiten el mensaje de Jesús. ¡Qué importante es buscar tu sitio para celebrar la Eucaristía en comunidad en lugar de limitarse a ir a misa los domingos!
Hay que elegir bien las palabras para expresar lo que sentimos.

3 de enero de 2013

¿Cuantos han ido a misa?

De entrada ya aviso que la pregunta me parece una tontería por las consecuencias que trae el intentar contestarla. La preocupación por el número de los asistentes es una distracción de lo importante: encontrarse con Jesús. Y hemos tenido el ejemplo con la misa de las Familias en la Plaza de Colón y cómo se valora su éxito por el número de asistentes.


En el caso de la pequeña comunidad en la que nos conocemos todos, la asistencia cobra otro sentido. Cuando falta alguien, le echamos de menos y no nos preocupamos por el número sino por estar unidos.

Pero cuando hablamos de la Iglesia en general, lo que me preocupa es el interés de muchos obispos en medir la acción de Dios con las cifras de asistentes. Y ese interés proviene de tener otros objetivos distintos de los que tenía Jesús:
- Cuando gobernaba el PSOE, las convocatorias de las misas multitudinarias buscaban demostrar que hay muchas personas con una opción política distinta.
- También se pretende "dar testimonio de Iglesia" asistiendo a las misas para que se reconozca el peso de la Iglesia en la sociedad.
- Otro motivo es sentirse arropado por la masa, cuantos más seamos más reconfortado me siento de pertenecer a un grupo importante.
- Y el motivo más sencillo: me llaman y me siento obligado a ir sin plantearme los motivos más profundos.

Parece que la Iglesia imita al Ejército. En una fecha especial sacan a sus efectivos de sus habituales quehaceres, cortan la Castellana, y hacen una demostración de su presencia para recordar a la sociedad que existen. Es una acción de marketing que pretende transmitir una imagen determinada, unos valores y una relevancia que los medios de comunicación no le reconocerían con las actividades normales.

Pero la Eucaristía es otra cosa. Es el encuentro de los cristianos con Cristo.
Él mismo nos decía: "En eso conocerán todos que sois mis discípulos, en que os amáis unos a otros" (Jn 13, 35). No hay otra manera de dar testimonio ni podemos buscar otras acciones para que nos reconozcan.
No hay que demostrar nada a nadie; hay que amar con humildad como lo hizo nuestro Maestro.

(Por cierto, os animo a dejar vuestros comentarios en el blog. En el enlace que está en la línea siguiente y pone "n comentarios")