30 de noviembre de 2014

Las puertas de la Iglesia

Hoy me he acordado de las palabras del nuevo arzobispo de Madrid, en la entrevista de El Mundo: "Es necesaria una Iglesia en clave de misión, con puertas abiertas. No hay que cerrar las puertas a los enfermos, a los pobres, y hay que empezar por tener abiertas las puertas de los propios templos. Es más importante que la gente pueda entrar a que alguien nos pueda robar un copón. Con las puertas abiertas, no sé por qué, pero la gente entra. Tal vez a buscar calor, a buscar silencio, pero entra."



Hasta ahora los robos en las iglesias habían sido siempre un problema por la cantidad de objetos de valor, especialmente los copones de oro y plata, que había que proteger. Pero hoy tenemos un arzobispo que se desprende del valor económico de los objetos para apegarse al valor de las personas y acoger a los que "busquen calor o silencio..."

Los dos extremos que se pueden ver en una tienda de objetos religiosos son un cáliz de cerámica que se vende por 37 euros y un cáliz de plata que cuesta 4.900. Es fácil hacer una elección si lo que buscas es acoger la presencia de Dios en el pan consagrado. No hay que confundir la solemnidad con la magnificencia, como decíamos hace unos meses.

¿Cuando aprenderemos, y yo el primero, a preocuparnos más de la gente y a acaparar menos bienes materiales?