20 de noviembre de 2012

En misa y repicando

Esta expresión tan conocida de "no se puede estar en misa y repicando" nos recuerda lo limitados que somos. Hacer dos cosas a la vez es complicado y lo que suele ocurrir es que te salgan mal las dos. Por este motivo la experiencia nos dicta hacer las cosas de una en una para no equivocarnos, o encargar a dos personas para repartirse el trabajo.

Pero también tenemos la otra expresión de "unos por otros, la casa sin barrer" que es lo que pasa cuando uno piensa que es otro el que se va a encargar de hacer una cosa concreta.

Pues algo de esto es lo que pasó en la última misa en la que estuve tocando en el coro. Durante la comunión, todos los del coro estuvimos muy ocupados "repicando" mientras estábamos en misa, incluyendo al que dirigía los cantos. De modo que se terminó de repartir la comunión mientras los del coro seguíamos cantando.
El que dirigía no cayó en la cuenta de reclamar al cura que tenía que darnos  la comunión, y el cura, que estaba a lo suyo, tampoco se fijó en los que faltaban por comulgar. Y así pasó algo, que no es la primera vez que me sucede, estando en misa me quedo sin recibir al Señor.

Ahora viene la parte profunda de esta reflexión: no puedo vivir sin comulgar. Recibir el cuerpo de Cristo es más que un alimento espiritual, es el abrazo del Señor de mi vida que da sentido a la existencia.
Cuando en una misa me pasa esto de quedarme sin comulgar, es como si no hubiera ido a misa.
El contacto con el Señor santifica y todavía no soy tan santo como para poderme permitir perder una oportunidad de recibir su gracia y su abrazo.

Hay otro refrán, que también podemos aplicar a la Eucaristía: "Con pan y vino se anda el camino". Nuestra vida, con Jesús, merece la pena.