11 de julio de 2010

¿Cuál es el término medio?

La colaboración de los laicos en la preparación de una Eucaristía siempre es un tema conflictivo. Y no porque los curas protesten o impidan la colaboración sino porque los propios laicos tienen opiniones variadas y lo que a unos les parece apropiado, a otros les estorba y distrae.
Algunas de las posibilidades que hemos visto en este blog como las misas rockeras o la danza litúrgica suelen tener detractores en las personas mayores y más conservadoras, pero grandes defensores en los jóvenes y en los más innovadores. ¿Cómo encontramos el término medio donde dicen que está la virtud?
En este camino de búsqueda tenemos que avanzar dando bandazos como el péndulo de un reloj para ir descubriendo donde está el medio. Os voy a contar uno de estos bandazos que vivimos en mi promoción cuando éramos universitarios.

Estudiábamos a diario en el Círculo y, aprovechando que había una sala dedicada a capilla, propusimos celebrar una misa entre semana. Jaime se acababa de ordenar en Roma y, con la agenda despejada del recién llegado, se ofreció a celebrar con nosotros la Eucaristía todas las semanas. No solíamos prepararla demasiado pero en una ocasión echamos el resto:
Uno de nosotros empezó con una introducción, siguió con la señal de la cruz y leyó una oración sobre el perdón. Después hicimos las lecturas y nos encargamos nosotros mismos de la homilía compartida. A continuación hicimos una profesión de fe entre todos y, al acabar le dijimos a Jaime: nosotros ya no podemos seguir solos, te cedemos el turno para que continúes tú con la consagración.
A pesar de semejante osadía, Jaime aceptó todo el proceso sin comentarios y continuó la celebración de la Eucaristía donde la habíamos dejado nosotros.

Ahora nos parece un exceso de protagonismo, pero en su momento nos movían los ardores de la juventud...