29 de diciembre de 2010

El que parte y reparte se queda con la mejor parte

Este refrán castellano ilustra la picaresca del que se aprovecha de su posición de juez y parte para llevarse la mejor tajada de un reparto. Pero en este contexto de la Eucaristía le podemos dar otro sentido más profundo si nos fijamos en el momento de repartir la Comunión.
El sacerdote es el que preside la celebración del misterio de la presencia de Jesús en el pan y el vino, pero para ayudar a que recibamos el cuerpo y la sangre de Cristo suele haber otras personas especialmente escogidas y preparadas.

En las ocasiones en las que he podido distribuir la comunión he experimentado el papel de transmitir a Dios con toda mi limitación. Si te paras a pensarlo te quedas asombrado de que has tenido a Dios en tus manos y de que Él te ha escogido para que lo distribuyas a otras personas.
Todavía recuerdo la ocasión de una misa de pueblo a la que asistí con mis padres y en la que el sacerdote pidió ayuda y me ofrecí para hacer las lecturas. Al llegar el momento de la comunión me pidió que le ayudara a distribuirla y con toda reverencia me dispuse a hacer ese servicio. Cuando llegó mi padre a comulgar y yo le entregué el cuerpo de Cristo me sentí profundamente conmovido. Nunca tuvimos una relación muy comunicativa, pero en ese momento descubrí que la devoción por la Eucaristía era algo que nos unía por encima de todo lo demás. No eramos solo padre e hijo, eramos también hermanos de la misma comunión.

En el funeral por mi madre, que presidió Manolo Matos, viví otro momento especial. Manolo me pidió que le ayudara a repartir la comunión y pude entregar a Cristo a cada una de las personas que habían venido a acompañarnos en esos momentos tan duros y profundos. El haber ejercido este sencillo ministerio me hizo sentirme unido a la familia, a los miembros del Grupo, y a toda la iglesia de una manera muy profunda. El Señor se hace presente cuando te pone a su servicio y caes en la cuenta de que lo haces en su nombre.

Todos los que comulgamos en la misa recibimos el cuerpo de Cristo, pero el que también lo distribuye tiene la oportunidad de experimentarse como instrumento de Dios. Por eso decía al principio que "el que parte y reparte se queda con la mejor parte".